A 36 años del descubrimiento del VIH: un desafío que sigue vigente

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Hoy no hace falta explicar qué significa la sigla VIH, pero no siempre fue así. Hace nada más que 36 años, Science, una de las revistas de difusión científica más importantes del mundo, difundió en sus páginas que se había identificado el virus que causaba esa enfermedad rara que desconcertaba y, en muchos casos, escandalizaba a la comunidad científica, los medios y la sociedad en general.

Poco tiempo después se lo bautizó como lo conocemos: Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Pero, ¿de qué se trata? Este virus debilita el sistema de defensas del organismo, y permite, así, la aparición de enfermedades oportunistas. La clave de esta sigla está en la letra H, en la tercera palabra de su nombre: humana, porque es lo que nos dice no solamente que es un virus propio de la especie humana, sino también que puede afectar a todas las personas, sea cual fuere su orientación sexual, su identidad de género o su origen.

Barre-Sinousi, co-descubridora del VIH en 1983.

Los primeros casos de VIH/sida se reportaron en 1981. En 1987, apenas seis años después, se aprobó el AZT, el primer antiviral para intentar controlar la replicación viral. A mediados de los ´90, con la aparición de una nueva familia de antivirales, se inició la era de los “cócteles de drogas”, que efectivamente cambió la historia natural de la epidemia. La mortalidad por enfermedades vinculadas al sida cayó drásticamente en aquellos pacientes que podían acceder a los tratamientos.

Argentina, un modelo para el mundo

Sin embargo, el alto costo de los tratamientos los hacía inalcanzables para la mayoría de las personas que los precisaban. Había que reaccionar: si el virus puede ser transmitido a cualquier persona, entonces el tratamiento debía ser accesible, también, para todas y todos. La sociedad, los Estados y la comunidad científica debíamos dar una respuesta global a un problema de salud global que afectaba a todas las poblaciones de todos los países.

En Argentina, a partir de Ley Nacional de sida de 1989 y otras leyes posteriores, se garantiza el tratamiento universal y gratuito para todas las personas que viven con el virus. Como ocurrió más tarde con leyes como la de Identidad de Género, nuestro país fue un modelo para el continente y el mundo.

Derribar los mitos

Este aniversario es una excusa para la conversación pública sobre lo que pasa con el VIH más allá de los síntomas y los tratamientos. Porque, como siempre, cuando hay desinformación, hay miedo.

En los comienzos, era el mito de que el VIH solo afectaba a hombres que tenían relaciones homosexuales o a quienes tenían sexo casual antes o por fuera del matrimonio, con todo el estigma que eso conllevaba. En esas circunstancias, la discriminación, el prejuicio y la marginación se volvieron los principales potenciadores del VIH. En 1985, cuando murió el galán de Hollywood Rock Hudson, los medios titulaban: “Confirman que Rock Hudson padece enfermedad que afecta a amorales”.

Algunos ejemplos de cómo los medios informaron, al principio, sobre la dispersión del virus.

Los tiempos cambiaron y para bien. Ya no leemos esos títulos y las muertes por VIH ya no ocupan las tapas de los diarios. Hoy las personas que viven con el VIH, si conocen su diagnóstico y acceden a los tratamientos, son tan longevas como quienes no viven con el virus y se conquistaron derechos que parecían imposibles. Se progresó en los tratamientos, se redujo la tasa de mortalidad y se comprobó que si una persona bajo tratamiento mantiene el virus a niveles indetectables por seis meses, la chance de transmitir por vía sexual es cero.

También se desarrollaron nuevas estrategias de prevención, como la Profilaxis Pre Exposición (PrEP) que permite prevenir el virus. Todo esto se consiguió con la enorme tracción de colectivos de activistas, organizaciones de la sociedad civil y el esfuerzo de la comunidad científica.

Un desafío vigente

Pero aun después de tantos años de trabajo, investigación, difusión y lucha, la desinformación persiste, amenaza y nos obliga a seguir desmitificando al VIH como no ocurre con ningún otro virus. ¿O acaso escuchamos fantasías sobre cómo se contagia la gripe? Entonces, repetiremos hasta el cansancio y le diremos a quienes quieran escucharnos que compartir el mate, abrazarse, acariciarse y chapar con una persona con VIH (o con varias, según el gusto) no transmiten el virus.

El VIH nos obliga a repensar nuestra sexualidad, a romper el tabú y a actuar en consecuencia. Para ello, la implementación total en el país de la ley de Educación Sexual Integral es clave para terminar con la ignorancia y lograr que el sistema de salud llegue a todos.

En este aniversario es importante que festejemos los avances, pero también que recordemos que el VIH nos sigue desafiando: aún buscamos la vacuna y la cura del virus y necesitamos la erradicación del estigma. La discriminación y marginación atacan otras defensas que no se resuelven con tratamientos farmacológicos.

Contra eso, trabajamos para ampliar derechos y generar políticas públicas y compromisos que vayan de la mano de los avances científicos. Hace 36 años, el VIH planteó un reto inmenso a la Humanidad. En los 30 años de trabajo de Fundación Huésped aceptamos este reto con la convicción de que si no somos parte de la solución, somos parte del problema.



* Director Ejecutivo de Fundación Huésped.

Fuente: www.filo.news